Skip to main content

Con la llegada del calor, la nevera pasa a ser uno de los electrodomésticos que más energía consume en toda la casa, ya que el motor tiene que trabajar mucho más para compensar la diferencia entre la temperatura de la cocina y la del interior del aparato. La referencia que conviene recordar es sencilla: 4 °C para la nevera y -18 °C para el congelador, todo el año, aunque hay matices importantes según el modelo que tengas y según si tu mando marca grados reales o solo un número de posición. En este artículo resolvemos ambas cosas: a qué temperatura poner la nevera en verano y cómo interpretar correctamente el mando para no gastar más energía de la necesaria.

¿A qué temperatura tiene que estar la nevera en verano?

La temperatura ideal del frigorífico en verano, según los organismos de seguridad alimentaria, se sitúa entre 1 °C y 4 °C en la zona principal, donde se guardan lácteos, fiambres y sobras cocinadas, con 4 °C como punto de referencia general. Por encima de los 5 °C, y sobre todo a partir de 7 °C, las bacterias como la Listeria o la Salmonella empiezan a proliferar con más facilidad, lo que reduce de forma notable el tiempo de conservación de los alimentos frescos, aunque a simple vista la nevera parezca funcionar con normalidad.

El congelador, por su parte, debe mantenerse en -18 °C durante todo el año, sin necesidad de bajarlo más salvo que vayas a congelar alimentos frescos en cantidad, ya que un frío excesivo solo aumenta el consumo sin aportar ninguna mejora en la conservación. En los días de calor más intenso, cuando la cocina supera los 28-30 °C, tiene sentido bajar la nevera un grado, hasta los 3 °C, especialmente si el modelo es algo antiguo y no ajusta la potencia de frío de forma automática según la temperatura ambiente, algo que sí hacen la mayoría de frigoríficos fabricados en los últimos años.

Por qué el número del mando no siempre son grados

temperatura nevera y congelador en veranoAquí está el origen de buena parte de la confusión, y de preguntas tan habituales como si enfría más el 2 o el 5, o el 2 o el 8: en muchos frigoríficos, sobre todo en los modelos con mando mecánico o rueda, el número que seleccionas no es una temperatura en grados, sino una posición de potencia de frío. En esta escala, que suele ir del 1 al 5 o del 1 al 7 según el fabricante, el número más bajo corresponde a menos potencia de frío -es decir, una nevera algo más templada- y el número más alto corresponde a más potencia de frío, o sea, una nevera más fría. Así, entre el 2 y el 5 del mando, el 5 enfría más; y entre el 2 y el 8, el 8 enfría más, porque en ambos casos el número mayor exige al compresor generar más frío.

La cosa cambia si tu frigorífico es de los que muestran la temperatura directamente en una pantalla digital, cada vez más habitual en los modelos de los últimos años: en ese caso sí estás viendo grados Celsius reales, y entonces la lógica se invierte, porque en la escala de temperatura un número menor sí es más frío que uno mayor -3 °C es más frío que 5 °C, por ejemplo-, igual que ocurre con cualquier termómetro. La forma más fiable de saber en qué escala está tu nevera es revisar el manual de instrucciones o fijarte en el rango: si va del 1 al 7 aproximadamente, es una posición de potencia; si el número que ves coincide con el rango típico de 1 a 8 grados que se recomienda para la zona principal del frigorífico, es probable que ya esté mostrando la temperatura real.

Cuánto consume una nevera en verano

El consumo de la nevera en los meses de calor puede subir entre un 15% y un 25% respecto al invierno, ya que el compresor necesita trabajar más tiempo seguido para mantener la misma diferencia de temperatura frente a un ambiente más caluroso. A esto se suma que en verano solemos abrir más veces la puerta -para sacar bebidas frías, por ejemplo-, lo que introduce aire caliente en el interior y obliga al motor a arrancar de nuevo para recuperar la temperatura de consigna.
Se trata además de uno de los pocos electrodomésticos que están encendidos las 24 horas del día durante todo el año, por lo que pequeñas ineficiencias -una goma de puerta que no cierra bien, polvo acumulado en el motor trasero, falta de espacio para ventilar- se traducen en un sobrecoste que se nota de forma clara en la factura anual, mucho más que en aparatos que solo se usan puntualmente.

Cómo elegir un frigorífico de bajo consumo

Desde la reforma del etiquetado energético europeo de 2021, la escala de eficiencia se reordenó y hoy va de la A a la G, siendo la A la más eficiente; prácticamente ningún frigorífico nuevo alcanza todavía esa letra, por lo que encontrar un modelo en clase B o C ya representa una muy buena elección dentro del mercado actual. La tabla siguiente resume, de forma orientativa, cuánto puede consumir al año un frigorífico combi según su clase energética, para que puedas hacerte una idea de la diferencia real entre comprar un modelo eficiente y uno que no lo es.

Clase energética Consumo anual orientativo (frigorífico combi) Qué representa
A Desde 110 kWh/año Lo más eficiente del mercado actual
B 110 – 150 kWh/año Muy eficiente, habitual en gama alta reciente
C 150 – 200 kWh/año Eficiencia media-alta, la más común en modelos nuevos
D – G Más de 200 kWh/año Modelos más antiguos o de gama básica

Como se aprecia en la tabla, la diferencia entre un frigorífico de clase A y uno de clase D o inferior puede superar fácilmente los 100 kWh al año, una cifra que, mantenida durante los 10 o 15 años de vida útil habituales de este electrodoméstico, termina suponiendo un ahorro considerable en la factura eléctrica total, más allá del precio de compra inicial.

A la hora de elegir, conviene fijarse también en la capacidad real que necesitas: un frigorífico sobredimensionado para el número de personas del hogar consume más de lo necesario, mientras que uno demasiado pequeño obliga a llenarlo en exceso y dificulta la circulación del aire frío en su interior, lo que también penaliza la eficiencia con el tiempo.

Consejos para bajar el consumo sin arriesgar la conservación de los alimentos

  • Revisa las gomas de la puerta. Si al cerrar una hoja de papel esta se desliza con facilidad, la goma no sella bien y está entrando aire caliente de forma constante.
  • Deja espacio de ventilación detrás. El motor necesita disipar calor; si está pegado a la pared o rodeado de muebles, tiene que esforzarse más para mantener la temperatura.
  • No metas comida caliente. Deja que se atempere antes de guardarla: introducir un plato caliente obliga al compresor a trabajar de golpe para compensar la subida de temperatura interior.
  • Descongela el congelador con regularidad. La escarcha actúa como aislante y hace que el aparato consuma más energía para alcanzar la misma temperatura interior.
  • Evita abrir la puerta más de lo necesario. Cada apertura prolongada introduce aire caliente que el motor tiene que volver a enfriar desde cero.

temperatura de la nevera en veranoEstos ajustes son pequeños por separado, pero combinados marcan una diferencia real en la factura, sobre todo si se aplican también al resto de electrodomésticos de la casa. Si quieres ir un paso más allá y revisar el consumo global del hogar, en nuestro artículo sobre cómo ahorrar energía en casa recopilamos más medidas prácticas que se pueden aplicar de forma inmediata, más allá de la nevera.

Y si lo que te interesa es comparar el consumo de la nevera con el resto de aparatos del hogar para saber dónde merece más la pena invertir en eficiencia, nuestro artículo sobre el consumo energético de los electrodomésticos según su eficiencia pone en perspectiva cuánto pesa realmente cada aparato en la factura eléctrica anual.